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«Si el paciente no siente calor, el tratamiento no está funcionando.»

VERDAD:
La sensación térmica no siempre refleja la temperatura interna real.

Explicación breve:
Algunos pacientes tienen menor sensibilidad, o la temperatura está subiendo de forma profunda pero gradual. Es más fiable usar medición objetiva que basarse únicamente en la percepción subjetiva.

«No hace falta controlar la temperatura durante el tratamiento.»

VERDAD:
Controlar la temperatura es clave para la seguridad y eficacia.

Explicación breve:
Sin control térmico, es fácil provocar quemaduras o quedarse por debajo del umbral eficaz. Los sensores o termómetros infrarrojos ayudan a mantener la temperatura terapéutica durante toda la sesión.

«Cuanto más tiempo se aplique, mejores resultados se obtienen.»

VERDAD:
El tiempo debe ser el justo para alcanzar la temperatura deseada y mantenerla.

Explicación breve:
El exceso de tiempo puede sobrecalentar la zona, generando inflamación o deshidratación tisular. Lo ideal es alcanzar la temperatura terapéutica y mantenerla durante un tiempo óptimo, no excederse.

«El mismo protocolo sirve para todas las zonas del cuerpo.»

VERDAD:
Cada zona requiere parámetros y técnicas específicas.

Explicación breve:
No es lo mismo tratar una papada que unas cartucheras: varía la profundidad, densidad tisular, vascularización y tolerancia al calor. Protocolos adaptados mejoran la eficacia y seguridad.

«Siempre se deben seguir las líneas de Langer al aplicar radiofrecuencia.»

VERDAD:
Las líneas de Langer son una referencia anatómica, no una norma térmica.

Explicación breve:
Estas líneas indican la orientación natural de las fibras dérmicas, útiles en cirugía. Pero en radiofrecuencia, lo importante es la distribución homogénea del calor, adaptando el pase a la anatomía, zona y objetivo, no necesariamente a dichas líneas.